Cuando hablamos de equidad de género en el trabajo, nos referimos a las mismas oportunidades que tanto mujeres como hombres tienen para llegar a puestos de liderazgo de alto nivel.
Un informe de Manpower menciona que investigaciones anteriores han señalado los problemas pero han contribuido poco en identificar las soluciones. La conversación circula en sobre porqué no tenemos suficientes mujeres, pero han contribuido poco en identificar cómo revertirlo.
Según este estudio, los líderes mundiales dicen que la equidad de género está por lo menos a una generación de distancia, un promedio de 17 años para todos los entrevistados. Los hombres encuestados de la Generación X y Baby Boomers son más optimistas y creen que estamos más cerca de la paridad de género, a 14 años. Este grupo tiene la mayor parte del poder de decisión en las empresas –95% de los puestos de Director Ejecutivo de las 500 de Fortune son ocupados por hombres– y esto podría también explicar por qué algunas personas consideran que el trabajo está concluido y la brecha cerrada.
Las millennials son menos optimistas, anticipando 22 años, y sus homólogos masculinos están cerca de esa cifra. Así que si dicha generación es nuestra esperanza para que el cambio ocurra, ¿es esto una señal de alarma? ¿Ellos resolverán realmente el problema y podemos permitirnos el lujo de esperar?
Los Millennials están seguros de que serán la generación que logre la equidad de género. Resulta alentador que el 100 por ciento de estas mujeres consideren que esta generación será quien logre la equidad.
En cuanto a las herramientas tangibles e ideas sobre el avance laboral para acortar la brecha, los resultados del informe arrojan que la mayoria de las mujeres Millennial (34 años o menos) cree que la solución es el establecimiento de redes de contacto con mayor exposición que las existentes. En tanto las mujeres de Generaciones X y Baby Boomers (35 años o más), coincide con las primeras pero son más formales y sostienen que es fundamental contar con mentores. Por último, los líderes masculinos señalaron que la mejor forma de avanzar es mostrando habilidades, auto promoverse, tomar riesgos y desafíos y aprovechar las oportunidades.
Del total de los consultados, el 59% sostiene que debemos crear la cultura de equidad de género basada en la iniciativa individual. Más de la mitad de los líderes cree que la acción individual más poderosa que una organización puede hacer es promover más mujeres líderes.
Uno de los datos más alentadores es que entre las consultas se indica que la máxima oportunidad ante la inequidad de género es que los hombres saben que esto necesita cambiar.
Romper una cultura masculina arraigada es fundamental. El cambio debe ser conducido por los directores generales, especialmente hombres, para demostrar compromiso en lograr que las mujeres ocupen sitios de liderazgo. La buena noticia es que ellos lo saben. Y dado que la mayoría de los líderes que establecen políticas son varones, tienen el poder para hacer que el cambio ocurra.
Solo una de cada dos mujeres es activa laboralmente
Según un estudio elaborado por CIPPEC, “Radiografía de las mujeres en la vida pública”, en nuestro país, las mujeres enfrentan considerablemente mayores dificultades que los varones tanto para insertarse en el mercado laboral como para ascender a puestos de mayor jerarquía. Asimismo, el sector ocupacional donde ellas se insertan, el nivel de formación que se les exige, así como la remuneración que reciben evidencian claras desventajas en relación con los varones.
Siguiendo la tendencia regional, la tasa de actividad femenina está estancada hace 15 años: solo una de cada dos mujeres es activa laboralmente (trabaja o busca trabajo), cifra que contrasta fuertemente con el 72% de actividad laboral masculina. Además, a las mujeres les cuesta más obtener empleo (el 43% de las mujeres trabaja, más allá de las tareas de cuidado; en varones ese porcentaje es 67%) y, una vez que lo hacen, suele ser en empleos de peor calidad (con mayor informalidad, menores salarios y peores puestos). Estas dificultades están íntimamente relacionadas con los estereotipos de género y, sobre todo, con la falta de equidad existente en la distribución de las tareas al interior de los hogares.
A pesar de algunos cambios en el ejercicio de ciertos roles asignados culturalmente, la creciente inserción laboral de las mujeres en la segunda mitad del siglo pasado no se vio acompañada de una redistribución de roles domésticos, por lo cual se tradujo en una “revolución estancada”. Las mujeres siguen siendo mayoritariamente las responsables principales de la organización del hogar y el cuidado de niños: en promedio destinan 6,4 horas diarias a desarrollar tareas de cuidado mientras que los varones dedican tan solo 3,4 horas. Esta sobrecarga de tareas en las espaldas femeninas trae aparejadas serias dificultades en su desarrollo laboral, condenándolas a optar por trabajos de menor responsabilidad y peor calidad.
Aun cuando logran insertarse en el mercado laboral, las mujeres sufren mayores restricciones para acceder a puestos de decisión (el denominado “techo de cristal”) y a los sectores más dinámicos de la economía (las “paredes de cristal”). Según la Encuesta Permanente de Hogares solo tres de cada diez puestos de jefatura son ocupados por mujeres y su salario promedio es un 27% menor que el de los varones en puestos con las mismas responsabilidades.
La función pública
Por otra parte, en la función pública, donde el Estado podría dar un ejemplo a seguir por el sector privado, queda un largo camino por recorrer. El 50% de los empleados del Poder Ejecutivo Nacional (PEN) son mujeres pero solo el 30% del personal jerárquico del PEN son mujeres (ministros, secretarios, subsecretarios, directores nacionales y generales, y titulares de organismos descentralizados e instituciones de la seguridad social).
Otro tanto sucede en el Poder Legislativo Nacional. En Diputados, ley de cupo mediante, solo 34% de las bancas están ocupadas por mujeres. En la Cámara Alta, 40% de las bancas están en manos de mujeres. Por otra parte, nunca una mujer presidió la Cámara de Diputados de la Nación.
En el Poder Judicial, las mujeres son el 54% del total del personal en los distintos estamentos, con excepción de la Corte Suprema de Justicia de la Nación y del Ministerio Público Fiscal. En sintonía con esta tendencia, en el máximo tribunal de Justicia de la nación, la Corte Suprema, solo uno de los magistrados es mujer (Mapa de Género de la Justicia Argentina, 2013. Oficina de la Mujer, CSJN).
Compartimos el link con la investigación que desarrolló la consultora ManpowerGroup“7 pasos hacia una inclusión consciente: Una guía práctica para facilitar una mayor participación de mujeres en posiciones de liderazgo” y que contribuye a orientar a las organizaciones que están buscando cerrar la brecha de género, para llegar al punto de inflexión donde las mujeres alcanzarán la cima más rápidamente. http://www.manpowergroup.com.ar/files/00002/00289_7-pasos.pdf
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